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Como escritores, como futuros autores, como personas, debemos escuchar. Muchas son las voces y los consejos que nos encontraremos por el camino y, desecharlos, no es la opción más inteligente. Los consejos no dejan de ser directrices compartidas a partir de la experiencia y, como tales, no van a misa.

Fuente: Me gustaría Escribir Blog

Nadie tiene las claves sobre cómo escribir un libro o cómo convertirnos en escritores. Pero, a través de las vivencias de los demás, podremos empezar a crear nuestro propio camino. Por eso escuchemos, compartamos, no desechemos nada, porque, la cosa más mínima, puede ganar importancia en los momentos claves de nuestra carrera como literatos.

Por eso, hemos decidido empezar una tanda de consejos para escritores noveles. No son grandes verdades, sino pequeños atajos que nos conducirán, de una manera u otra, a mejorar. Los repartiremos en varios post a lo largo del año. Así que, si empezamos en el mundo de la escritura, será mejor que…

1- No nos pongamos presión

No pensemos que, al empezar, escribiremos la obra de nuestra vida. Muchas cosas influencian nuestro trabajo: la calidad, tener un estilo y explotarlo, tener una madurez suficiente para abordar los temas de nuestra novela con profundidad. Todos estos factores implican tiempo, oficio y aprendizaje. No nos reflejemos en la visión idílica del escritor bohemio que escribe de noche bajo el efecto de la musas. Para escribir bien hay que leer mucho y reescribir más.

Además, antes de empezar, es bueno tomarse unos momentos para relajarse. Entrar en nuestro mundo literario requiere una cierta transición.

2- Escribamos sobre algo que conocemos

Muchas veces, cuando empezamos a escribir, pecamos de querer expresar mundos que nos son demasiados alejados. La verosimilitud es imprescindible para que establezcamos el pacto ficcional con nuestros lectores, ese pacto gracias al que ellos aceptan nuestras reglas del juego. Si escribimos una historia sobre el narcotráfico en Sudáfrica y, nunca hemos estado allí, no conocemos a nadie que nos pueda explicar esa circunstancia… será muy difícil que nuestra novela sea creíble. A veces, crear mundos imaginarios o futuros es más sencillo que los reales.

Tu conocimiento es una mina por explotar. Si, por ejemplo, escribimos un roadbook, que suceda en nuestro país o en una zona del mundo que conozcamos; si habláis sobre los problemas universales de las mujeres, que sean sobre las que habéis conocido y no sobre aquellas que viven en un país muy alejado física y culturalmente al nuestro. Ya llegará el tiempo en el que, documentándonos y con un estilo definido, empecemos a explorar otras posibilidades literarias más allá de las que conocemos. Recursos, sueños, experiencias vividas, olores… todos son una fuente perfecta para empezar una historia.

3- Una libreta, o vuestro smartphone, vuestros mejores amigos

Las musas no son otra cosa que vuestro inconsciente trabajando. Cuando encendemos la maquinaria, cuando nuestra mente empieza a pensar, cualquier estímulo exterior nos puede generar una idea: una película, un cuadro, una pintada en la calle… Pero la memoria no acompaña a nuestros pensamientos más íntimos. ¿Cuántas ideas hemos perdido por no apuntarlas?

Hay una solución muy sencilla: llevemos siempre una libreta encima. O apuntemos las ideas en el teléfono. Da igual si os parecen tontas o surgen en un mal momento para apuntarlas. Un ítem sin importancia de hoy puede ser la clave para cerrar brillantemente una futura historia.

4- Nuestro mundo es una fuente de inspiración.

La consigna de esta entrada del blog es… escuchemos. Escuchemos las historias de nuestros a amigos, las conversaciones en la playa, en el metro, sentados en un parque… Prestemos atención a qué se cuenta y, sobre todo, cómo se cuenta. Son una gran fuente de tramas, pero sobre todo de expresiones, vocabulario, recursos para reflejar el habla de un tipo de personas…

Otra gran fuente de historias es la prensa. A diario se cuentan situaciones que superan cualquier idea imaginada. Aprovechémoslas, construyámoslas de nuevo, démosles una vuelta. Escribamos, escribamos, escribamos. El tiempo nos traerá grandes textos.

 5-  Jugar con los narradores es un ejercicio muy productivo.

Escribamos, por ejemplo, un cuento. Y cuando estemos satisfechos con él, reescribámoslo desde otro punto de vista. El del antagonista, por ejemplo. El de un secundario. O alguien que ve todo lo que sucede desde un balcón. Si lo hemos escrito en primera persona, pasemos a tercera… Es una gran manera de practicar puntos de vista, hablas, de ver la utilidad de un narrador u otro. La técnica se adquiere practicando y viendo los pros y los contras de todas las posibilidades que la narrativa nos ofrece. Exploremos, juguemos, practiquemos. Todo cantante tiene una voz. Cuanto más la trabaje, a más notas llegará.

Consejos para escritores noveles
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