¿Desde cuándo escribís? ¿A qué edad empezaste a escribir?

Empecé a escribir de manera creativa desde la escuela, más por consignas de clase que por placer. En cambio, entre los 17 y 19 años de edad comencé a escribir por iniciativa propia, con fines expresivos y estilísticos, poemas, cuentos, una novela a partir de un diario personal, y canciones para mi banda de rock. Entonces descubrí que leer y escribir me ayudaban a tolerar la separación de mis viejos. Muchos años después, con exactitud el mismo día de la caída de las Torres Gemelas de Nueva York, comienzo a escribir con la idea de publicar un poemario con el cual expresar mi visión del mundo. En 2004, lo envié a un concurso y ganó el primer premio, que consistía en su publicación. Ese fue mi primer libro, Pequeña suite para imágenes terminales.

 

¿Qué fue lo primero que escribiste?

Lo primero que cuenta en mi trayectoria es el «Poema Once», la piedra angular de la Pequeña suite para imágenes terminales, un poemario concebido en términos de música de cámara y música electrónica. Esta pieza da cuenta del atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York.

 

¿Cuándo aparece el argumento de un texto?

En poesía, usualmente me llegan uno o dos versos que suenan en mi cabeza o un leitmotiv, y, en cuanto puedo sentarme, empiezo a trabajar en la composición, siempre a partir de una experiencia personal e intransferible, actual o pretérita, real o imaginaria, que me haya conmovido, emocionado o conmocionado. Solo más tarde el ejercicio de la escritura misma determina si encaja en algún género literario, o si es necesario el cruce de géneros, o si es necesario darle cauce a otra corriente discursiva.

 

¿Encontrás referencias de vos mismo en tus textos?

En todo lo que he escrito subyacen referencias de mi trayectoria vital. En mi caso, poesía y vida son una misma cosa.

 

¿Te gustaría seguir escribiendo?

Le contesto con Kafka: «No soy más que literatura, y no puedo ni quiero ser otra cosa».

 

¿Tenés ideas que quieras plasmar al papel?

Estoy preñado de proyectos literarios, aunque sé naturalmente que no todos llegarán a concretarse, y que otros quedarán inconclusos. Ahora mismo estoy escribiendo otra novela, tengo un poemario inédito que espero publicar y voy a empezar a trabajar en un proyecto dramático en breve.

 

¿Planificas tus escritos al detalle antes de escribirlos o los dejás surgir sobre la marcha?

Edgar Allan Poe decía que, antes de escribir un poema o un cuento, era necesario tener la meta clara. Fue una reacción contra el romanticismo, por supuesto. Se apartó de la idea romántica de inspiración al defender una escritura reflexiva, meditada y consciente de las técnicas expresivas, que permiten dirigir el texto con dirección al efecto deseado. Sin embargo, creo que en la escritura creativa no se puede ser tajante: a veces hay una meta clara, y otras esta se va elucidando sobre la marcha. Cuando uno escribe, entran en juego operaciones mentales conscientes pero también mecanismos inconscientes.

 

¿Cuál considerás que es el punto fundamental que une a tus tres libros?

Considero que los poemarios Pequeña suite para imágenes terminales (2004) y Casa de gatos (2016), y la novela E-love (2019), tienen en común una visión muy crítica del mundo capitalista, desde el primer libro asumo una postura de resistencia cultural contra el paradigma neoliberal. Creo, como sostiene Bauman, que el «mercado sin fronteras» es una receta perfecta para la injusticia y para el nuevo desorden mundial. No me cabe duda de que el neoliberalismo es un totalitarismo.

 

¿Te gustaría que tus libros fueran traducidos a otros idiomas o sentís que parte de la historia se perdería si así fuera?

Desde luego que me gustaría que me leyeran en otras lenguas, porque, aun cuando se pueda perder poco o mucho en una traducción (Ezra Pound tiene un excelente ensayo donde analiza la cuestión de la traducción en poesía), se consiguen más lectores y estos, a su vez, ganan muchísimo en experiencia intercultural. Si no fuera por las traducciones, ¿cuántos grandes autores desconoceríamos? De hecho, la literatura en castellano se hubiera estancado.

 

¿Es necesario tener cierta edad para que el escritor pueda describir sus propias experiencias o inquietudes?

Eso depende de varios factores que acompañan a la maduración biológica y psicológica de la persona, como el factor genético, el entorno familiar, social y cultural, el factor emocional, la situación política o histórica (la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo) o una debacle económica (la Gran Depresión en Estados Unidos, entre otras crisis del capitalismo), etc. Hay escritores precoces como Arthur Rimbaud o Ana Frank, por ejemplo, y hay también quienes empiezan a escribir en la madurez o en la senectud.

 

¿Qué es lo que más te gusta leer?

Leo con gran placer obras literarias, pero también leo con interés y en paralelo libros de otras disciplinas, que van desde las ciencias sociales hasta las ciencias exactas.

 

¿Cuáles son los escritores que más influyeron en tu creación literaria?

Son varios: Homero, Virgilio, Dante, Shakespeare y los poetas metafísicos, Cervantes, Góngora, Quevedo, T. S. Eliot, Ezra Pound, Antonio Machado, Federico García Lorca, César Vallejo, Octavio Paz, pablo Nerura, Jorge Eduardo Eielson, Ernesto Cardenal, Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza…

 

¿Para quién escribís?

Escribo un libro, en principio, porque siento la necesidad de dejar un testimonio de mi paso por el mundo. Luego, claro, si siento que es algo que puede ser de interés colectivo, que puede adquirir una dimensión universal, que puede revelar un aspecto de la humanidad desconocido o abordar con una nueva mirada un tema recurrente, entonces preparo el libro para el público.

 

¿Para escribir un libro es necesaria una investigación previa?

En mi caso, siempre es necesaria una investigación previa, que a veces puede tardar varios años, a la que se le suma mi experiencia de vida. Ezra Pound concebía la poesía como un saber científico. Él decía que las artes, la literatura, la poesía son ciencias tales como la química, pero cuyo objeto de estudio es el hombre. Esta es una de las grandes improntas que deja Pound en mi concepción de la poesía.

 

¿En qué lugar te gusta más escribir?

Ahora escribo en mi dormitorio, sobre una mesa pequeña que está junto a la ventana. Es el lugar ideal: no hay ruido, es íntimo. Desde el 2008 trabajo en una notebook. Mientras escribo, además de la conexión a Internet, tengo a mano mis libros, que están en la biblioteca ubicada en el pasillo.

 

¿Existe la inspiración? ¿Qué te inspira a vos?

Yo no uso el término «inspiración», porque está asociado a poetas románticos de finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX, quienes a su vez lo tomaron de la literatura grecolatina. Prefiero hablar de motivación, emoción, conmoción. Por ejemplo, Pequeña suite surgió a partir de una conmoción: el atentado contra el World Trade Center. Casa de gatos, por otra parte, es una obra que tiene como piedra angular un poema epónimo, «Casa de gatos», que escribo a partir de una observación cotidiana y aparentemente trivial: cierta tarde veo unos gatos asomados sobre el alféizar de la ventana de una vecina excéntrica, quien les ha dejado el departamento a sus numerosos felinos, y me doy cuenta de que estos siguen con la vista el vuelo de una paloma. Entonces surge una reflexión poética: qué orden o mundo es mejor: el de mis aburguesados vecinos los gatos, o el de aquella ave solitaria que vuela libre pero que tiene que buscarse el alimento a ras del suelo, o la estúpida vida del que se la pasa contemplando la vida en las otras ventanas, y que no goza ni de la libertad de los unos ni de la comodidad de los otros.

 

¿Cuánto tiempo le dedicás a escribir?

Rodolfo Hinostroza, gran poeta de la Generación del 60 en el Perú, decía que el escritor tiene que crearse una vida en torno a la poesía, que le permita dedicar buena parte del día a la escritura. En mi caso, opté por estudiar Literatura en la Universidad de San Marcos, y esta carrera profesional me ha permitido ganarme la vida haciendo lo que me gusta: leer, escribir y hablar gran parte del día de literatura. Claro, las horas de enseñanza me quitan tiempo para escribir mis obras, pero hubiera sido más complicado con otra profesión u oficio.

 

¿Qué diferencia a tu libro de otros libros del mismo género? ¿Qué es lo que lo hace distinto?

Desde mi primera publicación, he asumido una postura estilística que difiere más o menos de otras obras del mismo género, siempre en diálogo con la tradición literaria y después de un arduo proceso de investigación. Cada obra que escribo busca una forma de expresión distinta, distintiva, no por el mero hecho de buscar la novedad, sino porque siento que cada proyecto debe alcanzar su concreción en función de ciertas necesidades estéticas particulares.

 

¿Qué le dirías a otros autores noveles como consejo?

Les diría que no busquen el relumbrón ni crean ingenuamente en los mitos del éxito, de la fama, del consumo de la sociedad de mercado, sino que más bien sigan el consejo de Reiner María Rilke, quien le dice a un joven poeta, a través de un intercambio epistolar, que confiese si le sería preciso morir en el supuesto de que escribir le estuviera vedado, que se pregunte en la noche más serena si «debe escribir», y, si la respuesta es afirmativa, le sugiere que construya su vida según esa necesidad, le dice que tome esa suerte y que la lleve, con su carga y su grandeza, sin preguntar jamás por la recompensa que pudiera llegar de fuera.

 

¿Qué se siente tener un libro tuyo publicado?

Cuando publico, el placer es doble: por un lado, siento que he satisfecho la necesidad de dar un testimonio de mi desacuerdo con el orden mundial; por el otro, abrigo la esperanza de haber contribuido con un granito de arena en la construcción de un mundo mejor para todas las especies: humana y no humanas.

 

¿Qué es lo que más te gusta de tus historias?

Lo que más me gusta de las historias que cuento es el proceso mismo de su escritura.

 

¿Qué es lo que se va a encontrar el lector en tu libro?

Ojalá que la persona que lea alguna de mis obras pueda encontrarse a sí misma.

 

¿Creés que el contexto cultural del lector es importante para entender lo que relatás?

Por supuesto: la estética de la recepción, las teorías sobre la lectura, la poética de la obra abierta de Humberto Eco, entre otras, han demostrado que el marco de referencia social, el bagaje cultural, la época, la experiencia individual entran en juego en el proceso de lectura, que es entendido como un proceso activo de producción de sentido.

 

¿Qué es lo que más te gusta leer?

Me gusta leer obras literarias, principalmente. En paralelo, leo obras teóricas de diversas disciplinas.

 

¿Alguna amistad que te haya marcado en tu vocación?

Debo mencionar a dos amigos íntimos que me acompañaron artística y emocionalmente durante el proceso de escritura y publicación de mi primera obra: el escritor Igor Yupanqui, y el poeta y director de teatro Roberto Sánchez-Piérola.

 

¿Primero fue la formación profesional y luego la vocación de escritor? ¿O al revés?

Primero sentí inclinación por el arte, desde muy chico; luego, opté por la formación profesional, en un momento crucial de mi vida: mi padre quería que estudiara Derecho en la Universidad Católica; casi todos mis amigos del barrio siguieron carreras como ingeniería, administración, medicina; yo elegí Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Elegí el camino menos transitado, y eso hizo la diferencia.

 

¿Cuáles fueron tus primeras lecturas? ¿Qué autores admirás, tanto en el plano local como en el internacional?

Las obras que me impactaron profundamente en la adolescencia fueron la Ilíada y la Odisea, y las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides. En mi juventud alcancé el clímax como lector con la Divina Comedia, de Dante Alighieri. Como poeta, aparte de los clásicos, me marcaron Rimbaud, Mallarmé, T. S. Eliot, Ezra Pound, Saint John-Perse, Konstantino Kavafis, César Vallejo, Jorge Luis Borges, Pablo Neruda, Octavio Paz, Ernesto Cardenal, la Beat Generation.

 

Entrevista Israel Chira, Autor de «E-Love»
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