Una vez más, les compartimos a ustedes, los lectores, un poquito más sobre la vida de uno de los autores de nuestra editorial. Hoy, les presentamos a Juan Cabezón, escritor oriundo de Saavedra, un pueblo del suroeste de la Provincia de Buenos Aires y nacido en noviembre de 1986. A los 11 años comenzó a desarrollar su pasión por la escritura, basándose en los cuentos que sus hermanos mayores le habían contado y aquellos que inventaba para sus hermanos menores. A continuación, podrán conocer un poco más de él, su pasado, presente y, también, lo que planea para el futuro…

Contanos un poco de vos, de tu vida personal, profesional y de cómo surge la idea de escribir. ¿Lo hacés desde chico?  

Soy de un pueblo muy chico, al sur de la provincia de Buenos Aires. Mi vieja es maestra, y nunca faltaron libros en mi casa. Teníamos un espacio especial donde hacíamos los deberes con mis hermanos mayores, y en las paredes había estanterías repletas de libros. Ahí siempre me sentí como pez en el agua. Un día, cuando tenía 11 años, apareció en el estante más bajo algo por lo que tuve amor a primera vista: una máquina de escribir. Entre tantos libros, autores, historias, nació el deseo propio de trascender más allá del tiempo, de contar una historia. Así fue como me puse manos a la obra.

 ¿Te considerás, además de un escritor, un lector? ¿Con qué regularidad lees?

Un escritor, en mi opinión, debe ser también un lector frecuente. Últimamente me estoy obligando a leer más, porque estaba muy alejado de los libros, y eso se nota en la escritura. Ahora intento leer una hora por día. Lo uso como cable a tierra para desconectar, como tiempo exclusivo para mí.

 ¿Qué autores admiras, tanto en el plano local como en el internacional?

En lo local me gusta mucho cómo escribe Estanislao Bachrach, pero si lo pienso bien creo que soy más del poeta argentino. Oliverio Girondo me parece único. En cuanto a lo internacional tengo como referentes a King, Rowling, Wilbur Smith… Palabras mayores: Herman Hesse.

Creo que mis novelas tienen eso del más allá por qué siempre me sentí atraído al tema. “Los que se quedan” puntualmente es el desenlace de una etapa de mi vida donde tuve que trascender la muerte de un amigo. Tenía 26 años y un talento como pocos he visto y veré. Le había prometido que algún día haríamos arte juntos y soy un tipo que cumple sus promesas. Transformar el dolor en esas páginas fue hermoso porque ahora que lo veo, logro recordar todo lo vivido a su lado con alegría, y creo que, como explico en la historia, eso es esencial para que todos (ellos y nosotros) podamos avanzar.

 ¿Encontrás referencias de vos mismo en tus textos? 

El autor que te diga que sus textos no tienen sangre y tinta propia te miente. Estamos atravesados por nuestras pasiones y la mía es escribir. Estará más o menos visible, pero sí, los personajes tienen actitudes autoreferenciales en algunos casos.

 ¿Considerás que hay influencia de algún otro escritor en tu libro “Los que se quedan”

Me gusta creer que después de casi 20 años escribiendo, ya he encontrado mi estilo propio; pero puedo decirte que aquellos que me leyeron encuentran muy de Tolkien o Dan Brown la forma entrecortada de escribir los capítulos. Obvio que para mí son camisas muy grandes para llevar, y lo atribuyo más al cariño que me tienen. Jaja.

 ¿Qué es lo que se va a encontrar el lector en tu obra que pueda marcarlos o hacerlos sentir identificados?

Todos hemos perdido un ser querido en algún momento de nuestra vida y tenemos eso en común. Nadie está exento de conocer el dolor de una pérdida, del duelo. “Los que” empatiza con ese dolor, y los personajes te llevan por situaciones que te hacen rememorar aquello que te ocurrió. Verlo desde otra perspectiva. Te miran desde el espejo y te piden que los observes, los acompañes y te dejes acariciar por ellos.

 ¿Qué se siente tener un libro tuyo publicado?

Y, es un sueño realizado, pero al mismo tiempo una responsabilidad muy grande. Si un lector reacciona a tu libro tenes que responder ante ello, tenés que saber que puede que se entienda lo que quisiste decir o que el “error en el mensaje” te haga descubrir algo nuevo, algo que no sabías que estaba ahí. Además es adictivo publicar. Una vez que lo lograste dan ganas de pasar al siguiente. En mi caso cuando ya estoy terminando uno, se vienen retazos de otro/s para que lo/s cuente.

 ¿Estás trabajando en algo nuevo? De ser así, ¿nos podés dar algún adelanto?

Estoy en varias cosas… Y es como dicen: quién mucho abarca… Así que estoy priorizando. Tengo una antología de relatos cortos de suspenso que quiero publicar de manera digital: “9 noches sin dormir”, con un tinte algo oscuro. Diferente a lo que han leído de mí hasta ahora. Tengo una novela antigua que estoy revisando y quiero que vea la luz pronto. Se lo debo. Y algo nuevo, una novela corta de la cual, si los tiempos y el trabajo me lo permiten, seguramente estaremos hablando muy pronto.

 ¿Qué le dirías a aquellos escritores que tienen sus historias listas para ser publicadas y les falta dar el paso final?

Les diría que nunca se está preparado para dar el paso hasta que se lo da. La incertidumbre no tiene una editorial propia y es un dragón que se come todo lo que uno le tira en la boca. Y el papel se quema con el fuego. Hay que estar preparado para la crítica, pero al mismo tiempo saber que es muy fructífero y necesario para que el trabajo quede pulido. Yo encontré a Tinta Libre en el momento indicado. Y como digo en mi libro: “Ojalá es una palabra muy curiosa… Es un deseo desesperado que el alma necesita que se cumpla”. Si de verdad lo desean, si creen que su historia puede alcanzar a otros, entonces lo único que deben hacer es avanzar. Un paso es lo único que se necesita. Solo uno. Ojalá…

Muchas gracias Juan, ¡esperamos ansiosos novedades de tus escritos! 🙂

Juan Cabezón, autor de “Los que se quedan”

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