Por Profesora Azucena Miriam Ascheri

Desde la época en que el poeta latino Horacio (65-8 a. de C.) escribió Ars Poética, considerada una especie de código de la doctrina artística de los clásicos, donde aconseja mezclar “lo útil” con lo “dulce” e “instruir delei-tando”, importantes escritores, entre ellos el gran Cervantes, al publicar sus “Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento”,  continuaron en esa trayectoria.

Cervantes se inspira en los modelos italianos de “novella”, al estilo de Bocaccio, evitando el desparpajo de sus relatos y como precisa en el prólogo de sus Novelas ejemplares “no hay ninguna de quien no se pueda sacar algún ejemplo provechoso”. A partir de Cervantes y más adelante, principalmente durante el siglo XIX, hubo en esta corriente una abundante producción literaria que perdura hasta nuestros días.

Es posible afirmar que Susana N. Carrasquera se inscribe en esta presti-

giosa tradición en su libro de cuentos Escritos en el viento, pues cada ficción marca un rumbo ético, manifiesto o sugerido, que la acerca a la difusión de  valores sociales muy sutilmente ligados a la educación, ofreciendo, al mismo tiempo, algunos gratos momentos de diversión.

Una mirada realista

El escritor realista es emergente y analista de su propia sociedad. Presenta  sus ficciones como si las hubiese vivido, sin ambigüedades. Susana N. Carrasquera adhiere al realismo en su variedad de tendencias que van desde la representación de aspectos emotivos, en encuentros y desencuentros amorosos, otros como el cuadro de costumbres en “Velorios eran los de antes”, hasta la incorporación de aspectos brutales en “Capote bravo”.

En los relatos más elaborados, opta por el realismo reflexivo, donde la prosa fluye con absoluta claridad, rica en imágenes, evitando retruécanos y quiebres. Su propósito se encamina a mostrar un mundo de  valores, sensibilidad y emoción. Éstos son los núcleos centrales del libro, que se hacen explícitos en dos campos semánticos opuestos que aluden, uno, al amor, a la comprensión, a la solidaridad y el otro, a las transgresiones, al odio, a la venganza. Queda bien clara la crítica y a veces la repulsa que marca la diferencia entre el bien y el mal.

El realismo, más que otras corrientes literarias, imprime su sello de verosimilitud: los personajes son una imitación de los seres humanos o deben parecerlo. Muchos relatos atraen por la posibilidad de haber sido reales. Nadie dejará de emocionarse en “El beso”, ante la figura de aquella mujer moribunda que descubre  que la fisioterapeuta que la atiende es la hija que le arrebataron en su juventud y no puede confesar la verdad. “Cambio de vida” cuenta una historia patética: una prostituta gravemente enferma pide a una compañera ayuda para morir. En “El otro”, el odio entre hermanos es una fuerza irracional que los lleva a enfrentarse por el amor de una mujer. El antecedente es una culpa, la hipocresía del padre, que causa la desgracia de sus hijos. El título  “El otro” es muy sugerente, como un juego de espejos. Para el aristocrático y rico,  “el otro”, el odiado, es el marginal.

A la inversa, para el desheredado, “el otro”, es el aristocrático. El momento del enfrentamiento está narrado  con  sobriedad y dureza y lleva a la intensificación del conflicto que deviene en tragedia.

A veces, la autora introduce impresiones subjetivas sobre la conducta de los personajes. Señala, califica, cuestiona. Deja traslucir así de qué lado están sus preferencias. Por ejemplo, en “Otra vez”, “(…) resolvieron la expulsión del hogar del degenerado”; “(…) aunque le costó peleas con la madre y el desgraciado”; en “En pocas palabras” “(…) el muy turro de Gregorio” y “Capote bravo” comienza así: “Era un rengo hijo de puta”. Estas  apreciaciones sobre los defectos de los personajes se pueden entender como ironías aún en medio del drama, como denuncias ante injusticias o una manera de fustigar hipocresías.

Preocupaciones filosóficas en dos cuentos

No todos los cuentos pertenecen a la tradición realista. Por ello es inte-

resante detenerse en “De sabios y  locos”. Como en los mitos antiguos,

se desarrolla en una época imprecisa, “in illo tempore”. Esta leyenda o parábola (¿cómo llamarla?) está colmada de símbolos que, seguramente, alguna vez contribuyeron a dar sentido a la vida de seres humanos muy  dependientes de la naturaleza. Hoy, al recrearlos, entran en la esfera de la fantasía, de la imaginación poética y alientan al lector a descifrar los enigmas.

Como todos los protagonistas de narraciones legendarias, el sabio y el loco emprenden un viaje, en este caso, al Monte Supremo. Si bien nadie sabe el motivo de aquel viaje y algunos lo consideraron una “forma de suicidio”,  se podría conjeturar que fueron en busca de vivencias, de sabiduría o más precisamente, a conocer el misterio de la divinidad, casi siempre esquivo a manifestarse.  El loco y el sabio forman una dupla perfecta. El loco es una figura que proviene de antiguas culturas, simboliza la irracionalidad, la inconsciencia, la impulsividad. El sabio no es un símbolo en sentido estricto, pero en este caso adquiere esa categoría, pues sus contemporáneos lo revisten de cualidades especiales dándole un lugar superior. Estos personajes se mueven en un espacio idealizado, en un paisaje modelo que recuerda la simetría de un cuadro. Un eje central divide dos cavidades en la montaña: el loco, dudando, penetra en la cavidad izquierda, el sabio, “atemorizado y débil ante la majestad de las montañas”, entra en la derecha. El loco sufre una prueba aterradora, guiado por la Quimera “más allá de las profundidades del Tártaro”, donde recupera la cordura. El sabio, por su parte, vive una experiencia amorosa con una diosa, que lo abandona. Este dolor le provoca la pérdida de la cordura. En su desesperación, ambos se arrojan al río y llegan, ya ancianos, a la aldea natal, en la que nadie los reconoce.

Este cuento sorprende por lo misterioso, pero es posible aventurarse a una interpretación. Hay que recordar que en el viaje arquetípico de los mitos y leyendas, el protagonista sale muy joven de su aldea, enfrenta peligros y siempre sale vencedor. Regresa a su tierra lleno de gloria, convertido en héroe. La estructura de ese relato corresponde a las necesidades de épocas arcaicas. No ocurre lo mismo en “De sabios y  locos”. Es más, es, justamente, lo opuesto. Los protagonistas vuelven viejos y vencidos, sin amor y sin riquezas. Son verdaderos antihéroes. El amor que moviliza, resulta una pesadilla. El acceso a la divinidad no ha sido posible. Las experiencias más deseadas han sido un fracaso. Nada pueden hacer los personajes contra un destino aciago que estaba presagiado en las sentencias: “El tiempo de los dioses excede las medidas de los hombres” y “Sólo Aquél lo sabe”.

Esta ficción, con aire de escrito antiguo, refleja las actuales preocupaciones existenciales,  la duda ante el camino a seguir, el miedo al fracaso y al olvido, la impotencia en las luchas y aspiraciones. Y más aún, ¿la conciencia de estar determinados por un ser superior que rige un destino irreversible anula toda esperanza?

Si bien esta parábola o leyenda  no despeja incertidumbres, queda el deleite de haber leído una prosa que induce a reflexionar sobre el valor de los comportamientos.

“Un día más” muestra la amistad entre dos seres, un hombre y un perro

que se acompañan mutuamente cobijándose en un hueco, en el tronco de un árbol.

En su brevedad y mesura, el cuento sugiere un cuestionamiento a la condición humana. Hombre y perro están en un espacio vacío acorde a su circunstancia de desamparo. El hombre se ha animalizado. Su precaria situación lo ha anulado como persona, es incapaz de decidir y cuidar de sí mismo, está al borde de la irracionalidad. El perro, en cambio, se ha humanizado, ya que, superando la natural lealtad al amo, demuestra solidaridad, una cualidad del ser racional. Ambos se necesitan para resistir “un día más”.

Se puede entender que la autora hace una denuncia social al presentar a un desposeído empujado a la miseria por quienes tienen la responsabilidad de cuidarlo: familia, sociedad, Estado con sus leyes.

Desde otro punto de vista es posible una interpretación distinta. Detrás de los personajes de “Un día más” hay un planteo filosófico, el desamparo existencial: el ser humano ha sido arrojado a un mundo hostil, en el que resulta muy difícil salir vencedor. Está rodeado de soledad y silencio, sin rumbo, buscando respuestas a incógnitas que no puede develar. Se debate entre lo inhóspito, lo adverso y lo absurdo.

Sensibilidad y valores éticos

La sensibilidad, el modo más elevado que puede cultivar el espíritu , se despliega en estas páginas, en las que la voz del narrador se adentra en la intimidad de los personajes con sus aciertos y debilidades y bucea en lo que pudo ser o en lo que de haber sido hubiese transformado sus vidas. Alude al amor en todas sus facetas, al dolor ante el infortunio y  la muerte, a las pasiones negativas como el odio y la malicia.

Susana N. Carrasquera percibe la diversidad del mundo y puntualiza errores, pero su mirada nunca es escéptica, muestra seres cuyo comportamiento es imperfecto para destacar, por oposición, los verdaderos valores, amor, amistad, solidaridad. Hay personajes buenos, mediocres, malos, algunos condenados por un destino adverso, otros, cuya desdicha proviene de la marginación que los ha empujado a un ámbito abismal, profundamente despojado como en “Comunidad”.

Se evidencian los sentimientos nobles y los otros, los desviados, marcando siempre la supremacía de los primeros. Este universo literario escindido, como la realidad, induce a discernir sobre los actos y pensamientos morales, sin apelar a palabras solemnes, pues en muchos momentos se cuelan rasgos humorísticos.

“Escritos en el viento”, seguramente , cumplirá la aspiración de su autora, el poderoso viento patagónico llevará lejos sus fantasías, plasmadas en “un acto de regocijo”, para entretener y, tal vez, sin que ella  se hubiese propuesto,  difundir sus principios: destacar la sensibilidad como la cualidad que permite comprender, a través de los personajes, las actitudes de las personas en sus luchas y dificultades y, en consecuencia, reconocer  y   exaltar los valores éticos como virtudes esenciales. De este modo, Susana  Noemí Carrasquera nos invita a  enaltecer la vida.

 

Sensibilidad y exaltación de los valores éticos en Escritos en el viento, cuentos de Susana Noemí Carrasquera

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